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Iris Hernández Pérez
Publicado el 03/10/2012
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Modalidad A: Hola. Perdona si te molesto, aunque aún no te conozca. Perdona que te quite tu tiempo en una carta que posiblemente nunca leerás, o incluso que nunca te llegará. Solo quería que supieras, que si la vida es injusta, el amor lo es más. Es tan terrible, doloroso como las peor de las torturas usadas en las guerras más absurdas que has existido. Perdona si abandono el tratar de conocerte, el intentar encontrarte, pero es que llevo demasiado tiempo saltando de llama en llama, de piedra en piedra. Y al final siempre termino quemándome o cayendo al río, al frío río. Y créeme cuando te digo que sus aguas te hielan aunque tengas mil brasas bajo tus pies. No es que ya no tenga fuerzas, es que parece ser que mi coche ha llegado al punto de no retorno, y regresar sobre los propios pasos y volver a vivir situaciones pasadas llenas de más dolor y odio, es duro. No es que no quiera encontrarte por fin, pues nada deseo más que poder arrancarte una tímida sonrisa cada mañana y hacerte de rabiar con una mirada pícara cada vez que te lleve la contraria. Pero… a veces, los sueños, sueños son. He conocido a gente vacía como un desierto, dura como una piedra, a gente que tenía mil cosas que contar, pero que callaba por temor, y otras que hablaban y hablaban sin ni siquiera decir nada. Y te he buscado, en sitios que ni imaginarías, en lugares insospechados, en gente conocida y desconocida, en lugares en los que jamás he estado, en sitios que visito cada hora, en el día, en la noche, en la luz, en las estrellas. Pero no te he encontrado. Y a veces alzo la mirada y le pregunto a ese Dios inexistente dónde estás, y como siempre, no hay respuesta. Muchos dicen que si buscas no encuentras, que las cosas llegan solas en su momento, pero el problema no es el tiempo ni la paciencia, el problema es la fuerza, esa tan necesaria y que yo ya no tengo. Y perdóname, porque quizá algún día leas esta carta abrazado a mí y pienses que estuve a punto de abandonar la posibilidad de tenerte hoy entre mis brazos. Pero el camino no ha sido fácil y nunca me he rendido. Sin embargo, en este punto de mi vida, todo es cuesta arriba y el lastre de la soledad es increíblemente pesado. No tengo fuerzas para caminar, para seguir ese camino que me llevará hasta ti. Solo espero que si algún día lees esta carta y sientes lo que hoy siento yo, si te identificas con lo que siento, si lloras a través de estas palabras escritas en un papel y aún estoy aquí, porque las fuerzas y la cordura no me han abandonado del todo, que por favor, me busques. Te será fácil encontrarme. Solo dime si existe una posibilidad de llegar a tu puerta, porque volveré a la lucha, a seguir el camino, volveré a soportar lo insoportable, solo por saber que cuando llegue el brillo de tus ojos curará mis heridas, tu sonrisa hará desaparecer el cansancio y volveré a ser feliz. Sé que no te conozco, pero el día que lo haga, y leas esta carta, lo entenderás. Comprenderás por qué te quiero tanto, por qué hacerte sonreír es mi mayor deseo y abrazarte durante horas mi única meta. Y es que no hay nada mejor que el verdadero amor que se siente por la persona a la que amas, y que te ama. Aunque la búsqueda haya sido terriblemente dolorosa. ¿Qué cómo soy yo? Pues soy una persona normal, buena amiga, de las que no llaman mucho la atención hasta que las ves. Soy una de esas chicas que lloran al final de los cuentos de hadas, de las que se pueden pasar horas en la cama escuchando música. De las que cuando se enfadan lo pagan con quien no deben, de las que con una sonrisa lo dicen todo. De las que se pasan toda la noche bailando aunque los tacones revienten. De las que saben que si estudiaran llegarían alto, pero que prefieren escalar su propia montaña. Soy una chica de esas que creen que en una noche pueden cambiar todo el mundo, solo porque lo acaban de ver en una película. Dicen que cuando se me conoce dan ganas de cogerme y no soltarme jamás, que soy cariñosa, romántica, soñadora, cabezota, bipolar, optimista, y que como me hagas enfadar de verdad, arde Troya.  Soy solo eso, yo. Así que ya no me queda nada más que darte las gracias por tu tiempo. A ti, que no me conoces, que no sabes quien soy, que estás en algún lugar, que quizá nunca encuentre. Pero que sepas que te busqué, que luché, que no me rendí. Hasta hoy…
Firmado, una chica cansada de seguir sin ti
Madrid, 3 de octubre del 2012


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